Entrevista con Andrés Toro de Oh’laville

Entrevista con Andrés Toro de Oh’laville

Hablamos con Andrés Toro, guitarrista de Oh’laville, sobre el fundamental Soles Negros, sus memorables shows en el Teatro Libre y el Festival Hermoso Ruido y el nuevo disco de Idles.

Soles Negros salió en 2019 después de mucho tiempo de silencio de la banda. 2020 era el año para mostrarlo al mundo. ¿Cómo ha sido la relación promocional del disco y las canciones en este contexto?

Soles Negros en realidad fue un proceso que cerró en 2019. Fue un disco que trabajamos desde 2017 con el lanzamiento de Magia Negra y fue presentado con cada uno de sus singles y maxi singles hasta Sirenas, así que para la gira del disco el año pasado en términos emocionales y promocionales, nosotros como banda y nuestro público estábamos ya terminando un proceso. Sin duda el 2020 ha sido un año silencioso para la música en general, sin embargo haber grabado el show de Bogotá en el Teatro libre nos dio la oportunidad de contar la historia de Soles Negros en vivo y de, en un momento en donde todos extrañamos los conciertos, poder revivir esa sensación y darle un empujón adicional al disco.

En ese sentido fue muy oportuno el lanzamiento de Soles Negros En Vivo. De alguna manera fue una forma de trasladar esa fuerza del disco que no se podía transmitir en una gira de conciertos por la coyuntura de confinamiento. ¿Puede este disco reemplazar la gira de Soles Negros?

El Tour Soles Negros cerró en diciembre del año pasado en Bogotá, así que es más una foto de ese momento de la banda y del público. Creo que más bien complementa la experiencia de oír el Soles Negros de estudio, porque deja ver también el crecimiento de las canciones después de haberse grabado y de haber seguido creciendo noche a noche durante los shows de la gira.

Hay una postal imborrable del en vivo de Oh’laville y es el show del año pasado en el Festival Hermoso Ruido, bajo una aguacero implacable y frente a cientos de fans de la banda. ¿Cómo se imagina ese reencuentro con el público y cómo han mantenido la relación con el mismo en estos meses de confinamiento?

Ese show del FHR y del Teatro Libre, hablando de Bogotá, son muy especiales. Pero creo que el que nos quedó más fresco fue uno pequeño y medio clandestino que hicimos en enero de este año en una cervecería. No podíamos creer lo que estaba pasando con el público: pogo, crowdsurfing, una entrega total que nos llenó de fuerzas. Muy asociado a ese coletón de lo que precisamente pasó en 2019 con el Soles Negros. Nos imaginamos un regreso así de poderoso e íntimo con los conciertos y el público.

En 2013 fueron elegidos por la convocatoria distrital de Rock al Parque. Ese fue el primer paso para formalizar Oh’laville. ¿Cuál debería ser el verdadero foco del Estado en su apoyo a la música en Colombia? ¿La fórmula de los festivales y las convocatorias funciona todavía?

La apertura de una tarima grande para una banda que está ya sonando con una propuesta armada es clave para su desarrollo. Para nosotros RAP representó eso y fue claramente un hito. Ahora, es complejo y fácil pedirle al festival que cumpla un papel tan amplio, pero un esquema de convocatorias que cambia siempre de jurados tiene el contra de que fácilmente deja de lado el acompañamiento del proceso de las bandas que ya tuvieron su primera experiencia con el festival, poniendo un techo al priorizar las nuevas propuestas sobre las que están más desarrolladas. Ese embudo, la imagen de la industria musical en últimas, hace que la industria no crezca, porque las propuestas no crecen. Pero de nuevo, no hace bien ni es justo decir que un festival o un distrito son los principales responsables del crecimiento de la industria. La foto es más amplia.

¿Qué banda o disco ha descubierto o redescubierto en estos meses de cuarentena?

El Ultra Mono de Idles está increíble.

¿Qué recuerda del último concierto al que asistió y qué extraña de esa sensación de comunión que solo da la música en vivo?

El último fue el de Bogotá que mencionábamos atrás. Extrañamos absolutamente todo. Llegar a la prueba de sonido y que no esté listo el montaje, tomarnos uno y otro tinto mientras arranca todo, probar e ir imaginándose cómo se va a ver el lugar lleno, esa maquinita que ya teníamos engradada con nuestro crew, que andaba ya en piloto automático y con un profesionalismo envidiable, la previa en una casa o el hotel, volver al venue y ya sentir a la gente y la responsabilidad de salir con todo, la puesta de los inears, oír el primer clic y el comienzo del intro, el primer strum, cantar una tras otra con el público, la venia, los abrazos con los que se acercan a la tarima cuando inevitablemente se termina el show.

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